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La Conquista de Cataluña y Navarra la imposicion de las Mugas

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Lurralde okupatuetarik 2013 10

Aitzol Altuna

Voltaire (1694-1778 París) "Es un Pueblo que canta y baila a ambos lados de los Pirineos”.

“¿Siset, que no veus l'estaca /on estem tots lligats? /Si no podem desfer-nos-en / mai no podrem caminar! (...) Baina guztiok batera/saiatu hura botatzera/usteltzen hasia dago ta/ laster eroriko da./Hik bultza gogor hortikan,/ta bultza nik hemendikan,/ikusiko dek nola, nola/laster eroriko dan.” L´Estaca, Lluís Llach.

Existió en Nabarra en el año 1648 un intento poco conocido de alzamiento para volver a la independencia perdida, siglo en el que el reino de Nabarra desapareció como Estado soberano en 1620. .

En esos años se desarrollaba una guerra entre los imperios Europeos, donde el ejército sueco aniquiló a las tropas imperiales del Sacro Imperio Germánico. El Imperio alemán y Las Españas de los Habsburgo lucharon juntos y la victoria empezaba a decantarse a su favor, por lo que Francia decidió intervenir. Fue en 1639 cuando la escuadra española cayó derrotada, también los tercios españoles fueron vencidos por el ejército francés en 1643-1648 en la batalla de Lens. Se firmó ese año 1648 el Tratado de Paz de Westfalia, el cual supuso una tregua prolongada de respeto entre Imperios que marcó la política internacional basada más en la diplomacia y el reconocimiento de la soberanía estatal.

En este contexto Catalunya se levantó contra las tropas imperiales españolas y el intento del conde duque de Olivares, primer ministro o válido de Felipe IV, de intentar equiparar todos los “reinos de las Españas” como se llamaban entonces: Multa regna, sed una lex, “Muchos reinos, pero una ley», con la obligación implícita de sostener el ejército imperial español aportando dinero y hombres, carne de cañón para los intereses del rey de las Españas, sin contraprestaciones.

El conde duque Olivares a Felipe IV: "Tenga V.M. por el negocio más importante de su Monarquía, e hacerse rey de España; quiero decir, Señor, que no se contente V.M. con ser rey de Portugal, de Aragón, de Valencia, conde de Barcelona sino que trabaje y piense con consejo mudado y secreto, por reducir estos reinos de que se compone España, al estilo de Castia sin ninguna diferencia, que si V.M lo alcanza, será el Príncipe más poderoso de mundo" (…) "Que todos sus Estados procedían de herencia legítima, salvo Navarra y territorios de Indias, que fueron conquistados"..

Es la conocida como “Guerra dels segadors” o “Guerra de Catalunya” (1640-1652). Los hechos empezaron en el mes de enero de 1640, cuando las villas de Catalunya tuvieron que alojar a 40.000 soldados reales para pasar a luchar a Francia. En realidad Catalunya era un frente más de la guerra de los Treinta Años que enfrentaba a la Francia de los borbones con España y Alemania de los Habsburgo por la hegemonía imperial en Europa (1618-1648). Las exigencias y los abusos de la soldadesca española que llegaron a quemar poblaciones enteras, generaron una auténtica espiral de violencia. Los actos de represión indiscriminada y los choques entre campesinos armados y soldados fueron creciendo. Los campesinos, al modo de una “matxinada”, entraron en villas y ciudades y provocan disturbios, siendo herido uno de ellos..El conde duque de Olivares ordenó el encarcelamiento de dos consejeros de Barcelona y del diputado de la Generalitat Francesc de Tamarit, acérrimo defensor de los Fueros o leyes catalanas.

Los dos insurrectos fueron liberados el 7 de junio, el día del Corpus de Sangre, junto con otros presos por dos mil campesinos armados que entraron en Barcelona (“Museo de historia de Catalunya”) y que causaron la muerte del odiado conde de Santa Coloma, noble catalán y virrey de Catalunya, título que se le daba al gobernador impuesto por la corona española a modo colonial, lo cual reforzó el conflicto, pasaje recordado en el actual himno catalán.

En 1640 la Generalitat, presidida por Pau Claris, y el Consell de Cent, rompió con la monarquía hispánica proclamando unilateralmente la independencia a modo de República catalana soberana el 17 de enero. Felipe IV y el conde duque Olivares planearon la invasión del Principado. Pau Claris convocó una Junta de Brazos y tomó medidas para crear un ejército catalán y por tanto un Estado catalán independiente. Paralelamente, representantes de las instituciones obtuvieron del rey francés Luis XIII en Guerra con Felipe IV, el compromiso de ayuda militar a una república catalana pues el Pueblo había tomado las calles y la oligarquía catalana no conseguía controlarlo.

Luis XIII, rey de Francia educado por Richelieu que gobernaba con mano dura el reino de Francia, acababa de anexionar la corona soberana de Nabarra a la de Francia mediante el Edicto de la Unión de 1620, impuesto militarmente el 15 de Octubre de ese año con la toma de las Cortes Nabarras de Donapaleu y los Estados Generales del Bearne de Pau: “(...) por este Edicto, perpetuo e irrevocable, unimos e incorporamos dicha corona y país de Navarra y nuestro país y soberanía de Bearne, Andorra y Donezan, y tierras que de ellos dependen (...)”. Richelieu había declarado en 1628 que "tanto Navarra como el franco-condado nos pertenece".

En 1621, en el debate de los Estados de Bearne, se acordó por unanimidad declarar “traidores a la patria” a todos los que aceptarán el Edicto de la Unión con Francia. Por tanto, Luis XIII no fue reconocido por los representantes de los Estados de Nabarra y Bearne como su rey, por lo que fue una invasión contra los Tratados Internacionales y sin previa declaración de guerra; la situación duró hasta la brutal represión tras la Revolución Francesa (1789) contra la población baskona con cientos de muertos y masivas deportaciones de la población civil.

Como señaló Tomás Urzainqui en una intervención ante la “Comisión de Autogobierno del parlamento español de la C.A.V”., en la Nabarra Occidental en mayo del 2002: “Para las Cortes y Estados Generales de Navarra-Bearne, la “unión” a España o a Francia significaba el fin de las libertades garantizadas en sus Constituciones y la introducción de prácticas absolutistas, autoritarias y neofeudales; así se amortigua la brasa que desde 1512 y hasta 1620 se había mantenido encendida al Norte de los Pirineos después de la ocupación del Sur. Pero la libertad y la soberanía no se extinguen ni prescriben”.

La invasión española de la Catalunya convertida unilateralmente en Estado independiente, comenzó por Tortosa en noviembre de 1640 y en enero de 1641 las tropas estaban ya en Martorell, los soldados españoles siguieron con sus abusos enconando aún más al Pueblo catalán contra ellos. La Junta de Brazos, presionada por Richelieu, proclamó al rey francés Luis XIII conde de Barcelona. La batalla de Montjuic del 26 de enero 1641 entre españoles y catalanes apoyados por las tropas francesas, dio paso a la guerra de los dels segador que duró casi 19 años. El presidente de la Generalitat Pau Claris murió un mes después de la victoria de Montjuic y las nuevas autoridades no podían detener los excesos de los lugartenientes franceses.

Luis XIII tomó el Rosellón con su ejército, así como Monzón y Lleida en 1643, Felipe IV al año siguiente recuperó las dos últimas plazas. España no pudo tomar Barcelona hasta 1651, jurando al año siguiente Felipe IV los Fueros catalanes. El Borbón Luis XIII traicionó a Catalunya y firmó el “Tratado de los Pirineos”, por eso luego Catalunya no apoyaría al francés y primer rey Borbón Felipe V, quitándoles éste los Fueros y todas sus libertades hasta el presente -a pesar de haberlos jurado en 1701-, junto al resto del reino de Aragón y principado de Catalunya al que se había unido en el siglo XII y mediante los “Decretos de Nueva Planta”.

En 1648, aprovechando el estado de excepción y los numerosos frentes abiertos al Imperio español, las tierras holandesas se independizaron de España; Sicilia y Nápoles se alzaron también contra el imperi

En esta guerra, el virrey colonial que se había impuesto a Alta Nabarra tras su invasión (1512-1524), tenía órdenes muy concretas: convertir Alta Nabarra en un centro más de reclutamiento de tropas para ir contra Catalunya, pero la Diputación Foral protestó por contrafuero y sólo salió medio batallón el cual desertó en masa abandonando las banderas impuestas por los españoles (Javier Gallastegui “Don Miguel de Iturbide y Navarra en la crisis de la monarquía hispánica 1638-1648”).

Dentro de estas guerras imperiales, en el año 1636, el ejército español saqueó Iparralde: Urruña, Ziburu y San Juan de Luz. Como respuesta, en 1638 la flota francesa sitió Hondarribia pero fue expulsada el 8 de septiembre de 1639 en un contraataque del pueblo de Hondarribia por la que recibe el título de ciudad, con la oposición de las Juntas de Gipuzkoa, pues toda la provincia había participado en la defensa -además muchos alto nabarros, y Gipuzkoa entendían que ahora Hondarribia fuera su primer municipio en orden de importancia.

Incluso tras la firma del Tratado de Paz de Westfalia, el ejército español en 1650 trató de tomar Baiona por sorpresa, pero la denuncia de la joven heroína local María Garai salvó la ciudad del saqueo y de la conquista. Tomando Baiona, toda Lapurdi hubiera quedado en manos del nuevo conquistador.

En Nabarra en 1648, el capitán Miguel de Iturbide diputado del reino y personaje importante conocido en la Corte Nabarra por sus pulsos con el virrey español, salió a favor de los desertores al ejército español, lo que creó gran revuelo en la Corte madrileña que temía una revuelta en toda Nabarra donde aún seguía la represión española con su ejército acantonado en la Ciudadela por miedo al Pueblo nabarro. Miguel fue llamado a la Corte española para “aclarar ciertos asuntos”; el rey de España, Felipe IV, trató de llevar a la prisión de San Marcos en León a Iturbide, como dejó escrito: “por cuestiones encaminadas a mayor quietud y sosiego de la ciudad de Pamplona”.

Como relata Carlos Padilla, el ex maestre de Campo del Ejército de Catalunya encarcelado en la Corte de la cárcel: “a un caballero llamado D. Miguel de Iturbide y a otro letrado (Zuría Mayor, capitán de caballos corazas), ambos navarros, perecieron esta otra noche; ya son muertos, dicen que de repente”. En una carta de un cortesano español se justifica: “el pretexto fue conjuración en Navarra, eran de allí entre ambos” (“Represión y reparto del Estado navarro” Pedro Esarte).

Se le acusaba por tanto a Miguel de Iturbide de intentar conspirar con ayuda francesa para recuperar la independencia de toda Nabarra en un momento en el que España parecía desmoronarse ante el empuje de los Pueblos oprimidos por el imperio, por lo que fue detenido, llevado a Madrid y fusilado. Iturbide era pamplonés y Caballero de la Orden de Santiago, poco antes de su muerte declaró: "la lengua matriz de este reino, en todo lo que toca las montañas, desde la ciudad de Tafalla hacia los Pirineos, y en particular en esta ciudad de Pamplona, es la bascónica o baskongada, como dicen los ystoriadores".

LA MUGA ENTRE EL SUR Y EL NORTE

En este contexto y en la llamada Guerra de Catalunya, éste Pueblo fue el más perjudicado cuando los franceses devolvieron a los reyes españoles territorios ocupados durante la contienda y la rebelión del Pueblo catalán, a cambio del dominio sobre el Rosellón, el Conflent, el Vallespir y una parte de la Cerdaña. Los negociadores españoles que acababan de tomar Catalunya a duras penas y por las armas, aceptaron la mutilación de Catalunya a cambio de mantener posiciones en Flandes. Al año siguiente se firmaría el Tratado de Llivia, por el que se transfería a Francia la soberanía de varios pueblos del valle de Querol y España se quedaba con el enclave de Llivia. Posteriormente habría algunos acuerdos sobre zonas puntuales: el convenio firmado en Perpiñán en 1764, que establecía los límites entre el Ampurdán y Coll de Pertús.

Así es como dos de las grandes potencias mundiales del momento, España y Francia, decidieron finalmente repartirse el reino nabarro, al ver que ninguno lo conseguía en su totalidad. La actual frontera militar española-francesa, totalmente artificial y sólo justificable por la violencia armada ejercida contra los nabarros, se fija en 1659 con el "Tratado de los Pirineos" en la isla de los Faisanes en el río Bidasoa, llamada "Konpantzia" en euskera, condominio que pertenece durante 6 meses a Irun y otros 6 a Hendaia, hoy municipios de Gipuzkoa-Lapurdi ocupados por España-Francia.

El llamado Tratado de Paz de los Pirineos se produjo después de 24 conferencias llevadas a cabo entre Luis de Haro (familia de los traidores a Nabarra) y el Cardenal italiano Mazarino en 1659 (que era la persona que realmente mandaba esos años en Francia, la primera potencia mundial para entonces); el Tratado fue ratificado por el compromiso matrimonial contraído entre el rey Luis XIV de Francia, “el rey Sol”, y la infanta española Mª Teresa hija del rey Felipe IV de España (primo-hermano suyo por doble línea).

Fue Monseñor de Olce el obispo que ofició la boda en la iglesia de Donibane Lohitzune o San Juan de Luz -en poder de Francia-, cuya puerta de salida se tapió para que nadie más pasara por ella. Para sellar el pacto-boda, se celebró por poderes en la Iglesia de Hondarribia -en poder de España- una segunda ceremonia.

En el mismo tratado, el rey de Francia, que también lo era, supuestamente, de Nabarra, renunció a sus derechos sobre el viejo reino y aceptó la actual frontera pirenaica, pero siguió usando el título de “rey de Francia y Nabarra” hasta casi la Revolución Francesa. De hecho, el primer Borbón en gobernar España, Felipe V de Anjou, en el Tratado de Utrecht de 1714 que puso fin a la sucesión dinástica, renunció ante su abuelo el rey Luis XIV de Francia a sus derechos sobre las coronas de Francia y Nabarra para ser reconocido como rey de “las Españas”, aunque estos supuestos derechos eran inexistentes en el caso de Nabarra, separados ambos reinos por su tatarabuelo Enrique III “el bearnés”, siendo la soberanía francesa como la española una simple invasión y colonización para ambos reyes, que no les daba derecho sucesorio alguno.

Este Tratado de los Pirineos, relata Pierre-Laurent Vanderplancke, “En Alta Nabarra dividió el bosque de Irati y separó los lugares comunales tradicionales de pastoreo de Kintoa (Quinto Real), y, peor aún, se rompió entidades culturales y políticas muy antiguas ratificando la separación definitiva de Nabarra y los territorios baskones y amputando el Rosellón y el Conflent en Cataluña, e incluso a un pueblo del norte la frontera lo separa de la iglesia y del cementerio, situados al otro lado” (Publicado por Avui - El Punt- en marzo del 2012).

Este Tratado de los Pirineos, relata Pierre-Laurent Vanderplancke, “En Alta Nabarra dividió el bosque de Irati y separó los lugares comunales tradicionales de pastoreo de Kintoa (Quinto Real), y, peor aún, se rompió entidades culturales y políticas muy antiguas ratificando la separación definitiva de Nabarra y los territorios baskones y amputando el Rosellón y el Conflent en Cataluña, e incluso a un pueblo del norte la frontera lo separa de la iglesia y del cementerio, situados al otro lado” (Publicado por Avui - El Punt- en marzo del 2012).

Lo cierto es que hasta el "Tratado de Baiona" de 1856, reinando Isabel II en España y el emperador Napoleón III en Francia, el río Bidasoa no fue frontera entre ambos imperios. Ambas orillas del río en su desembocadura al mar Cantábrico eran jurisdicción de Hondarribia e incluso la población de Hendaia (hoy dentro del Imperio francés) no era sino un barrio de dos casas (Iturriaga y Etxeberri) de la localidad gipuzkoana. El barrio de Behobia en Irun se situaba a ambos lados del río (hoy Behobia y Behobia-Pausu). En ese tratado, el valle de Aldude, que hasta entonces había formado una unidad territorial, queda dividida entre los dos Estados conquistadores del Estado de Nabarra, País Baskón, que se reparten el botín de guerra. Además se situaron las demarcaciones entre Alta y Baja Navarra en el Baztan, Valderro y Baigorri. Así son varios los pueblos del Pirineo que vieron como la nueva frontera imperialista pasaba por la mitad de los mismos. En 1868 se marcaron la frontera ambos imperios a la altura de Huesca y Lleida.

Tras todo este reparto del botín del reino baskón de Nabarra, la frontera entre España y Francia tiene actualmente 602 mojones divisorios. El mojón con el número 1 lo pusieron los imperialistas en la margen derecha del río Bidasoa, debajo del puente de Endarlatsa sobre el acantilado de Txapitelakoarria. En este lugar confluyen los municipios de Irun (Gipuzkoa), Biriatu (Lapurdi) y Bera (Alta Nabarra). El último mojón que divide el Pirineo está en Cap Cèrbere (Cataluña).

Está claro que los verdaderos separatistas son los imperialistas españoles y franceses que nos imponen una “muga” (frontera) totalmente artificial en nuestro hábitat natural que siempre han sido los Pirineos, fruto de la brutal violencia armada que han ejercido y ejercen contra nuestro Pueblo y el Pueblo catalán.



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