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Intervención militar española y suspensión de la autonomía en Cataluña.

león

Redacción Iraila

Alguno o alguna pensará que se trata de una noticia de última hora que acaba de llegar a nuestra redacción. No exactamente. Nos referimos a la manera que el gobierno republicano de España trató a los catalanes en el año 1934.

Transcurría el año 1934, más concretamente el día 6 de Octubre, cuando a las ocho de la tarde el presidente de la Generalitat, Lluís Companys i Jover, proclamó el Estado Catalán de la República Federal Española asumiendo todas las facultades de poder en Catalunya y estableciendo el gobierno provisional.

Era entonces presidente de la República española Alcalá Zamora y presidía el gobierno de la República Alejandro Lerroux. Lluís Companys telefoneó al general de la IV División Orgánica, Domingo Batet Mestres, para que éste se pusiese a sus órdenes.

Domingo Batet se puso en contacto con el presidente del gobierno de la República española, Alejandro Lerroux para informarle de la situación, y éste le ordenó la declaración inmediata del estado de guerra en el territorio de la región autónoma de Barcelona.

En la madrugada del 7 de Octubre de 1934, el comandante Fernandez Unzue abre fuego contra la Generalitat y el ayuntamiento. La Generalitat fue defendida por grupos de civiles armados y un centenar de Mossos de esquadra frente al ejercito español (eso sí, muy republicano).

El balance de tal tropelía fue de 46 muertos y 3.000 encarcelados. Sobre las seis de la mañana, las tropas españolas entran en sendos edificios y detienen a Lluís Companys y el resto de ministros (antes consejeros) de la Generalitat.

El general Batet asume el mando y cesa a los jefes militares y políticos que colaboraron con el Gobierno de la Generalitat.

El 26 de noviembre de ese mismo año el gobierno de la República española asume por decreto todas las funciones que habían sido transferidas a la Generalitat.

El 2 de Enero de 1935 las Cortes españolas suspenden por ley el Estatuto de autonomía de Catalunya.

Los unos con la roja y gualda, los otros con la tricolor. Para los unos "España, una, grande y libre", para los otros "España, una, grande y republicana". Los mismos perros con distintos collares. Visto lo visto podemos dar por bueno el dicho aquel que dice que no hay nada más parecido a un español de derechas que un español de izquierdas. Algunos y algunas, por estas tierras, parece que todavía no se han enterado.

Saltan las alarmas en las altas esferas españolas

Navarra

Redacción Iraila

Centrar la independencia del pueblo vasco en base a la recuperación del Estado Europeo de Nabarra ha desatado una profunda preocupación en las altas esferas del imperialismo hispano que, mediante sus voceros – en este caso el grupo Prisa –, alertan de lo que se les puede venir encima.

Parecen haber detectado la gravedad del asunto, enfatizando en el cambio de rumbo que pueda producirse en el seno del independentismo vasco. Motivos para estar preocupados, desde luego que los tienen.

Desde nuestro punto de vista, pasamos del conflicto vasco al conflicto hispano-francés en tierras vascas.

Los agentes conflictivos, véase delincuenciales, pasan a ser dos Estados que invadieron contra todo derecho a otro Estado legítimamente constituido por sus moradores. La invasión del Estado Europeo de Nabarra se convierte en un asunto internacional en el que están implicados tres Estados.

Cae por su propio peso el planteamiento de construir Euskal Herria en contraposición a la de reactivar el Estado propio del cual disponemos.

La solución a este conflicto sólo tiene una salida: el desalojo inmediato y sin condiciones de las fuerzas ocupantes y de todos sus aparatos acantonados en unos límites territoriales que no corresponden a su Estado.

Lo decimos por si a alguien se le ocurriese plantear una consulta en la cual cabria la posibilidad de dar amparo y legitimidad a la delincuencia. Esta es nuestra opinión, y a continuación pasamos a transcribir literalmente unos pasajes de las reflexiones alarmistas provenientes de los voceros del imperialismo hispano.

"El independentismo vasco ha otorgado al territorio navarro el título de entidad primigenia porque lo necesita como piedra angular de su proyecto"

"Navarra es el corazón y el anclaje que le permitiría invocar a la historia para justificar la idea de un Estado propio."

"El sonsonete reivindicativo "Nafarroa Euskadi da" que lleva décadas danzando en los oídos de los vascos y navarros se trueca en "Euskadi Nafarroa da" con el propósito de que el puzzle encaje y puedan levantarse las barreras mentales, culturales y morales que el plan suscita."

"Los ochocientos años de historia del reino de Navarra son un orgullo compartido por la generalidad de los navarros, pero los nacionalistas vascos están decididos a escarbar mucho más. Necesitan llegar hasta los primitivos vascones, conectar con el secreto, la piedra filosofal, la quintaesencia del ser vasco para reindicarse (sic) como grupo diferente, especial"

Acaban el "análisis" con una sorprendente y curiosa afirmación:

"Sin duda, hay una base objetiva que justificaría la unión de vascos y navarros en una única comunidad, como la hay también para la asociación con Rioja o Aragón, pero para eso haría falta que el nacionalismo vasco se transformara y se despojara de toda contaminación coercitiva y asimilacionista."

Pues bien, el filósofo alemán Arthur Schopenhauer decía lo siguiente: "Toda verdad pasa por tres estadios: primero es ridiculizada, luego es afanosamente combatida y al fin es reconocida como la que fue siempre evidente."

Sustituir la politica por la emoción

votando en un fronton

Redacción Iraila

Salimos con nuestro tercer número justo en el día en que en Catalunya se celebran de nuevo elecciones autonómicas españolas.

Pasaron de un pseudo-referéndum donde hace apenas unos diez meses el futuro de Catalunya estaba en manos de todo quisqui: de catalanes, de españoles, de portugueses, de belgas, de franceses... (todo el que viva y trabaje en Catalunya...), a unas elecciones ahora "legales", es decir, españolas, como no podía ser de otra manera..

Asistimos a un espectáculo esperpéntico donde centenares de miles de personas han sido embriagadas por la emoción de los cantos de sirena provenientes de una clase política embaucadora y políticamente corrupta e inepta y que encandila a todo un pueblo llevándolo a un viaje hacia la nada. Estos políticos que se auto-definen independentistas se han convertido en auténticos ilusionistas especializados en sacar cada dieciocho meses un nuevo conejo de la misma chistera, ante la aquiescencia, el alboroto y la alegría festiva de los eternos incautos.

Eligieron la vía hacia la independencia de Catalunya dentro de España, conscientes de que ese recorrido acaba en el punto de partida, es decir en España. Acatando con la máxima obediencia las leyes de los ocupantes, sabedores de que no disponen de ningún medio para doblegar la voluntad de los opresores, y obligarlos a tomar decisiones en contra de su voluntad. Porque para ello se necesita fuerza y un nivel de poder que no sea asimétrico al objetivo que se pretende alcanzar.

Un Estado emergente se palpa, se siente, se intuye cuando la independencia está en la calle, cuando los territorios ocupados se convierten en ingobernables para los que gobiernan, cuando la insurgencia se hace con el control paulatino del poder, cuando se desplaza la centralidad existente hacia una centralidad propia.

Esta situación dista mucho de lo que estamos viendo en Catalunya.

Lo que vemos es que aplazan las estructuras del Estado propio, que son inexistentes en el momento actual, a la espera del consentimiento que se debe producir por parte de las fuerzas de ocupación. Una aberración. Plantear conseguir la independencia dentro del marco legal español conduce a esto.

Eso sí, salpicado todo ello de soflamas independentistas, donde aparecen términos adecuados como unilateralidad, confrontación, estructuras de Estado, Constitución propia, promulgación de la independencia... Hechos que no ocurrirán por carecer de voluntad política para semejante empresa y por no tener los deberes hechos, ni la más mínima intención de hacerlos. Por no tener, en el caso catalán, no tienen ni definido y, por lo tanto, ni establecido el sujeto propio, dejando así el presente y el futuro de los catalanes en manos de ciudadanos extranjeros, que decidirán por ellos.

En una manifestación desarrollada hace ahora casi un año y convocada por el imperialismo español en tierras catalanas, se podía leer el texto de una pancarta que llamaba la atención y rezaba lo siguiente: "La Patria no se vota". Pues eso, la independencia de un pueblo no se dirime en unas urnas. Algunos parece que lo han entendido; otros, no.

¿Cómo se ha podido llegar a esta situación? Simple y llanamente porque se ha sustituido la política por la emoción, por el ilusionismo. Emocionar al pueblo se ha puesto muy de moda, también en estos lares. La política es el arte y/o la ciencia de conseguir objetivos según los medios de que se dispone. Se deben discernir e inventariar todos los elementos en activo que permitan poder medir en todo momento los movimientos tácticos que componen una estrategia y convertirla en política con su desarrollo. Hablamos de medios económicos, de medios institucionales, de medios coercitivos, de medios ideológicos, de medios internacionales, de recursos humanos, tecnológicos y materiales de todo orden, todos ellos dispuestos y engrasados para entrar en escena en el momento adecuado en la dirección estratégica previamente acordada.

En Catalunya, todos esos pasos previos no solo no se han dado sino que lo que ha sucedido es que un movimiento popular espontáneo independentista, sin un marcado componente estratégico, ha hecho correr a los ahora auto-denominados líderes del independentismo hacia esas "posiciones", para no perder las prebendas que les da el autonomismo dentro de España en el reparto de esas cuotas de sub-poder que les concede el imperialismo por los servicios prestados.

La farsa continúa, y el tren, que no lleva a otro sitio que no sea a España, sale de la estación 27-S hacia una próxima parada (o parodia), de la cual nos tendrán puntualmente informados los maquinistas.

El pueblo catalán es, y por lo tanto existe. Surgirá una clase política seria y cualificada capaz de auto-institucionalizar el poder que emana del pueblo. Ese poder existe y, gracias a él, se ha conseguido, al menos de manera discursiva, poner en el centro del debate la cuestión de la estatalidad propia.

Sin él, los embaucadores profesionales auto-denominados políticos, no se hubieran visto en la tesitura no deseada de tan siquiera tener que plantear la necesidad de la estatalidad propia.

El camino está marcado, y no precisamente en la dirección que desearían los que se han arrogado el rol de vanguardia del independentismo. Esa vanguardia está en otro sitio y, a buen seguro, será capaz de detener este ejercicio de ilusionismo, sustituyéndolo por la política, la que confronta fuerza con fuerza y tiene su raíz en el poder.

El poder de un pueblo. Porque a un pueblo no se le empodera, él es el poder. Lo detenta. Que sepa organizarlo, suministrarlo y vehicularlo es condición sine qua non para su propia supervivencia.

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