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Una palabra:dos significados políticos.

Gorbea

Nacido en la postguerra española, no he conocido aún la libertad de nuestro pueblo, el pueblo vasco. En este período de ocupación, el estado español ha utilizado dos técnicas de comportamiento: la primera consistió en colocar la bota encima del cuello de los vascos. Es decir, un intento de genocidio físico.

En la segunda, la bota pasa a retaguardia y da paso a un agobio ideológico y político sin tregua. Para ello se sirve de la brunete mediática, incluida la que dice ser “nuestra”, utilizando una serie de conceptos que, tratando de confundirnos – y se han asumido en buena parte –, tienen la finalidad de inducirnos a pensar que vivimos o podemos vivir en una situación de libertad sin que se modifique nada políticamente.

Palabras como democracia, normalización, paz, sociedad vasca, ciudadanía vasca, reconciliación, “el estado” y muchísimas más, fluyen de forma automática y a borbotones de las bocas de los gestores políticos, contertulios, columnistas, dirigentes de los partidos políticos oficiales, e incluso de personas que tienen un sentimiento independentista. Y la situación se hace cada vez más asfixiante, más insostenible.

Voy a tratar de diseccionar una de ellas: la normalización. Entre las más usadas están la normalización política, la normalización en el uso del euskera, en la relación entre todas las víctimas del terrorismo, en su convivencia, y normalización en la cotidianeidad. La reflexión es igualmente aplicable también al resto de palabras o conceptos mencionados más arriba y que fluyen igualmente.

No voy a entrar en la definición académica de la palabra normalización porque no viene al caso. En su definición política tiene dos acepciones: la de los estados imperialistas ocupantes, por un lado, y la de un pueblo sometido como el nuestro, por otro.

La primera la utilizan con el objeto de mantener y dar continuidad a la situación política actual: la división territorial en dos estados, en dos comunidades, a su vez, en el estado español, y en departamentos en el francés. Buscan la relación fluida entre los ciudadanos, de manera similar a como ocurre en Castilla y León. Eso sí, con un día al año dedicado al “peculiar” folklore vasco. .

Buscan también que acudamos, como tal ciudadanía a las elecciones de los estados español y francés, y que, de esa manera, nos consideremos insertos en un sistema democrático; donde el euskara, una lengua milenaria de una parte del territorio de dichos estados ocupe un segundo lugar, sea una joya arcaica y sirva, a lo sumo, para el estudio de la toponimia de los lugares que pertenecieron al Reino de Nabarra. Y que algún/a guía pueda narrar lo siguiente: “ancestral idioma en marcha imparable hacia su fatal y total desaparición”.

En consecuencia, este significado de la palabra “normalización”, alentada y evocada desde los poderes totalitarios pretende, de forma sistemática y sibilina, integrarnos dentro de los estados imperialistas ocupantes, y convertirnos en súbditos o ciudadanos españoles o franceses.

Su objetivo último es simple y claro: integrarnos en sus estructuras políticas para ser como los “normalizados” de Cuenca o León. Es decir, la desaparición del pueblo vasco como estructura política.

Pasemos ahora al segundo significado; en un pueblo sometido y ocupado como el nuestro, la palabra normalización significa ser un pueblo independiente que habita en su territorio natural, otrora libre, y gobernado por su Gobierno Nacional, continuación – cualquiera que sea su forma – del que tuvimos hasta que fuimos conquistados.

Pueblo, territorio y gobierno nacional son los tres exponentes que conforman nuestro Estado, único objetivo que, una vez alcanzado, cumple con el significado de la palabra “normalización”. El euskera, idioma utilizado para la comunicación cotidiana entre los pertenecientes al que fue Estado de Nabarra, solamente alcanzará su categoría de normalización cuando sea la lengua oficial de los vascos y ocupe nuevamente, con el amparo y empuje de nuestro Estado reactivado, el lugar que le corresponde como idioma de uso habitual y permanente en la comunicación entre la población.

Consideremos ahora otro aspecto que los totalitarios han pretendido establecer constantemente: la dicotomía de la lucha por la independencia nacional y la lucha por la problemática social. Es una dicotomía falsa y que no corresponde a la realidad de la situación política de nuestro pueblo. En un pueblo ocupado el primer y fundamental problema social es el de ser libres. La lucha por la independencia no solo no nos separa de la lucha social, sino que está intrínsecamente integrada en ella. ¿Qué más social que la lucha de un pueblo entero por su libertad?

La normalización social, económica y política solo es posible siendo libres. No hay democracia ni socialismo siendo súbditos. La democracia tiene su punto de partida en la independencia de nuestro pueblo. En la actual coyuntura imperialista, la relación de convivencia, digan lo que digan los voceros oficiales y no oficiales que la pretenden, es imposible sin que haya una renuncia total a nuestro sentimiento nacional.

El pueblo vasco tiene una conciencia clara de su sentimiento nacional; por tanto, su objetivo es simple y claro: ejercer el derecho de autodeterminación, lograr la independencia, la reactivación de nuestro Estado, el Estado Nabarro.

Como conclusión resumida podemos expresar que en un pueblo ocupado como el nuestro, toda palabra tiene dos significados que emanan, no de la definición académica, sino de las distintas situaciones que se dan en la vida política: la de los sometidos, que tenemos por único objetivo alcanzar la libertad, la independencia, y la de los estados imperialistas, agresores y ocupantes, cuya única meta es la desaparición política de nuestro pueblo y, por ende, convertirnos en ciudadanos españoles o franceses.

El hecho de estar abocados a ser independientes o desaparecer como pueblo nos emplaza al compromiso y la movilización política organizada y estratégica de cada uno de nosotros en la medida de nuestras posibilidades, responsabilidad ineludible para el logro de la reactivación estatal. Admitir la primera definición de la palabra “normalización” en la actual coyuntura política y ser cómplice de la integración en los estados ocupantes, o no comprometerse en la acción política por la independencia es contribuir a la liquidación política definitiva de nuestro pueblo.

OT Zabalegi

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