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Ser Cultos para ser libres.

caballo de troya La historia se repite.

Transcurren las fiestas "patronales" a lo largo y ancho de nuestro país con una alegría y normalidad asombrosa vista la situación que padecemos. ¿A qué patrones responden este tipo de festejos y quien, con toda la intencionalidad política, ha conseguido que un pueblo festeje sus derrotas y celebre las victorias de su enemigo?

Tolosa celebra el 24 de Junio la batalla de Beotibar, fechada en un 29 de setiembre del año 1.321, donde Gil Lopez de Oñaz, Señor de la casa de Larrea, puesto al frente de los oñacinos, atacó a los nabarros infligiéndoles una grave derrota. Otro tanto podemos decir de los San Marciales de Irun, 201 años más tarde, o de los propios San Fermines de Iruñea.

Las mismas celebraciones auspiciadas por ayuntamientos "abertzales" en el año 1200, en las que se festejó el ochocientos aniversario de la fundación de nuestras villas, basándose en las cartas pueblas otorgadas por un rey castellano, e induciendo a la población de que ello significó el nacimiento de nuestras actuales ciudades como tal. Cuando en realidad estas fueron fundadas y erigidas con antelación por un rey nabarro que les otorgó los fueros de nuestro Estado. Podemos seguir, y la lista sería interminable.

Alguna o alguno no le concederán mayor trascendencia a estas "anécdotas" históricas. Nada más lejos de la realidad. En las costumbres y las expresiones culturales detectaremos la sabiduría de un pueblo. El nuestro ha sido despojado de su expresión política y de su memoria histórica. ¿Qué autoestima política puede conservar aún un pueblo que festeja las atrocidades y barbaridades cometidas por esas hordas invasoras y extranjeras contra él?

¿Estamos condenados de verdad a repetir las luchas fratricidas entre agramonteses y beamonteses, entre gamboínos y oñacinos, o la última de este mismo siglo (que cada cual ponga las siglas? ¿Condenados a seguir legitimando el imperialismo franco-español y con ello permitirles que nos sigan organizando y desorganizando nuestras vidas?

Puede que una regeneración de la política vasca deje como legado a las futuras generaciones el saber distinguir entre lo propio y lo ajeno y actuar en consecuencia. Nos evitaremos así el éxito del imperialismo y de sus caballos de Troya que tanto resultado les han dado hasta el día de hoy. De ello depende que no seamos borrados, como pueblo, del mapa de la historia.

Ainara Artetxe

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